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Sol y pecas, ¿son causa y consecuencia?

Sol y pecas, ¿son causa y consecuencia?
26 de abril de 2017 0 comentarios

Todos y cada uno de nosotros somos propensos a que nuestro cuerpo esté plagado de las conocidas pecas. Podríamos decir que el propio sol las alimenta: contienen grandes cantidades de melanina y, por tanto, de color.

Con lo cual, cuanto más sol tomamos, más pecas vemos aparecer sobre nuestro cuerpo. Y, nos preguntamos: ¿es esto bueno o, por el contrario, malo? ¿Podría ser peligroso? Muchas de las respuestas las encontraremos en la consulta de nuestro dermatólogo, quien conoce los detalles y los cambios a tener en cuenta de todas .

Vemos aparecer pecas, pero también lunares; estos últimos son algo más complicados y deberían convertirse en nuestro principal foco de atención, pues pueden ser tan benignos como malignos.


¿Cómo saberlo a ciencia cierta?


Sin duda alguna, para ello necesitaremos la ayuda de un dermatólogo.

Si prestamos atención a esos detalles de los que hablábamos deberemos dejar sonar la voz de alarma cuando observemos cambios en ellos: si varían su tamaño o su forma, si cambian de color, si los bordes que los rodean son irregulares… Todos ellos son motivos para poner rumbo hacia la consulta de nuestro dermatólogo. Una vez allí, estudiarlos será la prioridad absoluta.

Tan amado como temido, el sol se acaba perfilando como un actor protagonista al que seguir de cerca. Concretamente con las pecas, puede convertirse en uno de nuestros principales problemas: una mayor exposición al sol es sinónimo de un mayor daño solar en nuestras células y -¡atención!- un mayor riesgo de sufrir un melanoma.


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Si existe un control rutinario y una atención especial dirigida a las formas y detalles de nuestras pecas y lunares, no habrá motivo de alarma. Por eso, os recomendamos acudir al dermatólogo antes y después del verano, para tener controladas las pecas. Recordar que la revisión no es agresiva ni causa dolor.

En nuestras propias manos está la clave: protección solar en verano o en invierno, 30 minutos antes de exponernos al sol y cosméticos reparadores del ADN que ayudan a la larga a prevenir lesiones en nuestra piel. No olvidemos que los llamados fototipos bajos (personas pelirrojas y rubias), necesitarán un protector más potente.

La piel guarda secretos, pero llegar a ellos es tan fácil como ponerse a escucharla de cerca. Tiene memoria, y guarda una relación de amor y odio con el sol. Hagámoslo pues de forma correcta con ella, tratémosla como bien se merece y dejemos que se convierta en el fiel reflejo de una vida saludable y prudente.