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Carta a Rafael Isa Isa

“Cuando un amigo se va, deja un espacio vacío y queda un tizón encendido, que no se puede apagar ni con las aguas del mar”

Me encontraba en ciudad de Panamá, donde terminábamos de inaugurar las oficinas de Sesderma Panamá, cuando nos llegó la triste noticia del fallecimiento de un gran amigo, del profesor Rafael Isa Isa (23 de marzo del 2016), uno de los más destacados dermatólogos del continente latinoamericano. Era el triste final de más de 5 años de una dura lucha por superar un cáncer linfático muy agresivo.

Rafael tenía 64 años (Santo Domingo, Septiembre de 1952) y llevaba 32 años en el Instituto Dominicano de Dermatología Humberto Bogaert, en el cual se formó y al cual dirigió durante 15 años (2001), demostrando sus amplios conocimientos, sus grandes valores humanos, su inmensa capacidad docente y la gran pasión por todo lo que le rodeaba. Su capacidad de organización queda demostrada sobradamente con su contribución al crecimiento que ha experimentado la escuela dermatológica dominicana, de gran prestigio en américa y donde gracias a su sabiduría se ha logrado conformar un gran equipo profesional y humano que brilla con luz propia.

El impacto científico del profesor Isa en la Dermatología dominicana y latinoamericana ha sido importante, especialmente en la lucha contra el VIH-Sida, la lepra y otras enfermedades infecciosas. En el año 2012, el Colegio Médico Dominicano (CMD) le exaltó como Maestro de la Medicina Dominicana, por sus aportes científicos y por su entrega a la medicina y particularmente al Instituto de Dermatología. Por su gran sencillez, mantuvo siempre una excelente comunicación con prácticamente todos los jefes de los servicios de dermatología más prestigiosos del continente que contaban con él, para organizar y participar en los eventos más relevantes de nuestra especialidad.

Con Rafael por la distancia entre Dominicana y España nos veíamos muy poco y solo para ser muy buenos amigos. Compartíamos muchas cosas, por su parte, él tenía un gran cariño por mi país de origen, Colombia, al que amaba como yo con gran pasión y al que tuvo la oportunidad de conocer muy de cerca durante su periodo de especialización en enfermedades infecciosas en el hospital Tobón Uribe de la ciudad de Medellín. Por mi parte, él sabía, como tantos otros colegas dominicanos, mi pasión por el Instituto y por la república dominicana, un hermoso país, con naturaleza y gentes maravillosas que te hacen pensar, que Dios ciertamente cuando decidió crear el paraíso, lo bautizó con el nombre de República Dominicana.

Miembro de numerosas sociedades dermatológicas como la Sociedad latinoamericana de Dermatología, la sociedad Dominicana de Dermatología y del Colegio Ibero-Latinoamericano de Dermatología, del que fue vicepresidente en 1999. A destacar su entrega a la docencia habiendo ejercido de Profesor de Epidemiología y Medicina Preventiva en la UASD, de Profesor de Dermatología en la UASD y también del Postgrado en Dermatología del Instituto Dermatológico. Además también fue profesor titular y Coordinador de la Cátedra en el Departamento de Salud Pública de la UASD. En el año 2000 fue nombrado profesor asociado del Diplomado de Micología Médica que ofrece la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de México. En el 2002 fue distinguido como Profesor del Año por la Facultad de Ciencias de la Salud de la UASD.

Colaboró en la edición de varias revistas de dermatología como la Revista Dominicana de Dermatología de la que fue redactor y director, la Revista Monografías de Dermatología, editada en España, y de la Revista Dermatología, Cosmética Médica y Quirúrgica de la Sociedad Mexicana de Cirugía Dermatológica y Oncológica.

Mi especial recuerdo va ahora a los muchos momentos felices e inolvidables que pude compartir junto a él. Nos encontramos muchas veces en congresos del Cilad y otros congresos en Valencia, Madrid, Sevilla, Santo Domingo, Punta cana o cualquier otro lugar de Latinoamérica, donde aprovechábamos para ir cenar con otros colegas, dejando a un lado la dermatología y algo muy difícil para él, el instituto. En estas ocasiones, se mostraba particularmente muy afable, bromista, tolerante, simpático y disfrutaba de nuestra amistad y camaradería, seleccionado siempre las comidas más sencillas del menú.

Con especial cariño recuerdo mi visita al instituto en mayo del 2015, donde en su despacho hablamos a solas de la vida y como esta se aprecia mucho más, cuando corres el riesgo inminente de perderla y de como la vida es siempre bella, pesar de los sinsabores y de las decepciones, cuando aprendemos a buscar siempre en cada rincón, la belleza, las flores y las mariposas y pasamos página a las circunstancias que lastran nuestra vida y es que tras sufrir una enfermedad tan grave como la suya, se aprende a reinventar la vida. Aún persiste en mis recuerdos el impacto de nuestra última conversación durante el último congreso centroamericano de Dermatología celebrado en Punta Cana el año pasado, donde me hizo partícipe de sus grandes preocupaciones, especialmente por su familia y me dio la oportunidad de decirle y repetirle cara a cara, lo mucho que le admiraba y cuanto le quería. Su participación en este congreso, nos mostró una vez más el carácter afable, sencillo, cariñoso, cercano que le caracterizaba y todos los que asistimos a la ceremonia inaugural nos quedamos perplejos ante su gran afán de superación, su dignidad y compostura, todo un ejemplo de saber estar.

Mi especial cariño y consideración para tu esposa, Marina Pimentel y para todos tus hijos: Mariel, Jorge, Icheina, Rafael, Isabel y José Homero, para los que has sido un gran ejemplo.

Rafa, me consuela saber que las personas a las que hemos admirado y querido, como tú, nunca mueren. En realidad, seguirás estando con nosotros, en nuestras mentes, en nuestro corazón, en nuestros recuerdos, fuiste un buen amigo, un amigo del alma. Las personas solo mueren cuando las olvidas y a ti jamás te olvidaremos.

Gabriel Serrano Sanmiguel

Clínica Dermatológica Dr. Serrano

Valencia, España